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martes, abril 19, 2011

No sé si llegará el miedo
















Soy cosas… pero las cosas… siempre las cosas que pasan en la vida, que están presentes en la vida.
No sabía leer hasta hace unos años, no sabía escribir y tampoco escuchar.
Luego los lápices lo hicieron por mí. Supongo que es sólo cuestión de sensación.

lunes, octubre 18, 2010

Acceptance speech



e supone que el acceptance speech debía comenzar hace una hora. La gente se impacienta, se calla.
Unos miran a un lado.
Otros cuchichean  e intercambian chismes.

Comenzar siempre cuesta, cuando sientes que has perdido la lengua por haber  gastado las palabras después de tanto, tanto  tiempo sin pronunciarlas.  


Me quedé mudo en un mundo  lleno de groserías y leyes antirracismo.


No sé donde comenzar a dar las gracias;  ¡ay que son tantas las cosas que agradecer!
Quisiera a gradecer a todas las hormigas rojas que me picaron las piernas este año, sin ellas –sin lugar dudas-  no hubiese aprendido lo que es caminar con templanza y con paciencia. A los caminos largos  de tierra y a los gobernadores de mi nación que los dejaron así desde la época de los incas. A la tierra negra que produce tanta cosa  para comer. Suficiente como para no quejarse de hambre en el campo y en la ciudad. 

Quiero dar especialmente las gracias a toda esta gente que intenta callar  todas las voces de todos los tiempos y a todo el ruido de toda  una nación que no nace y no muere. Sin ellos, después de todo, sólo seríamos otro paisito de tercer mundo que colonizar, denuevo y otra vez y una más y otra más...


Dios tiene  la cara pálida.




Y las cosas siempre dejan de ser como cuando eramos jóvenes, libres... si es que alguna vez en verdad lo fuimos.



jueves, febrero 04, 2010

La oración del último mercenario



Yo vi nacer la muerte de mi mano

Mi espada jugaba con el final de los hombres

Donde las lágrimas sangrientas

Abatían el silencio

Comprendió que sus sueños se coagularon con el pasar de los años, junto con sus manos, manos incapaces de cuidarlos, manos marchitas dentro de ellos.

El sol se alzaba en una lejanía fría y pálida a través nubes inválidas, no era extraño a sus ojos, como no lo fue la primera vez que vio el cielo palidecer de miedo.

A sus espaldas las sombras de sus enemigos se disolvían entre la niebla que se formaba a su alrededor, abatidas por su boca que besaba el filo del acero.

Sabía que nació con un corazón que no pertenecía a este mundo.

Miraba con odio al horizonte, no sabía ver el horizonte de otra forma, no sabía que en otra parte del mundo le esperan con un nudo en la garganta. La sangre fresca emanaba de las heridas frescas de algunos cadáveres, sangre que poco a poco llegaron a cubrir el suelo donde estaban los pies del mercenario.

El sonido de la lejanía lo abrazaba, su exilio le reclamaba hasta aquel lugar donde los hombres no sonríen ni miran de otra forma el horizonte.

Una voz aguda se rompió en un llanto borroso, este grito le despertó de sus oraciones cuando el sol se había doblegado ante la fragilidad adormecida de la noche. Encontró a esa voz entre la basura y la ira, ira muerta a balas y a puñaladas. Era la voz a una niña desnutrida y moribunda que parecía familiarizada con la muerte y con el hedor de la carne quemada.

El cuerpo de la niña estaba corrupto por la enfermedad y las quemaduras, que habían abrazado su cuerpo devorando completamente el brazo derecho. Sólo quedaba un leve recuerdo de infancia y vida brillando en sus ojos.

Los roncos movimientos y atroces sonidos estancados en su garganta le pedían morir. El mercenario, comenzó nuevamente a rezar:

Yo vi nacer la muerte de mi mano

Mi espada jugaba con el final de los hombres

Donde las lágrimas sangrientas

Abatían el silencio…

Y mientras la niña lloraba, el cuchillo del mercenario sintió un tibio rincón en la profundidad desesperada de carne, calor que sólo se apagó cuando atravesó su corazón hinchado de lágrimas.

Un suave y débil quejido termino por quebrar completamente su vida.

De mi mano bebieron el vino

Pero nadie vio cuando sobre mi espalda

Cabalgaba la muerte

Las voces del tiempo me reclaman

Cuando dios me vea…

Por un momento se vio a si mismo brillar sobre la frente de la niña; su rostro había envejecido, la mirada de padre, de hijo, de hermano, incluso la mirada de ser humano se había desvanecido y en su lugar las arrugas , dejando allí sólo una piedra púrpura que estaba sobre la frente de la niña.

Antes de cerrarle los ojos, vio en ellos a otro hombre, que había jugado a la muerte, mucho antes de que el naciera.

Dejó el cuerpo de la niña tirado sobre el polvo y continuó:

Me dirá que mi hora se acerca

Me dirá que no le pertenezco

Yo besaré el suelo

Y le pediré que los deje dormir para siempre

Donde los ríos brillan en silencio.

Comenzó a llover y llovió el odio del mundo sobre un mercenario, que llevaba una piedra púrpura en la mano.

- Amor –dijo, cuando los ríos brillaban en silencio - suena como tumbas vacías. Yo veo nacer la muerte de mi mano, en una verdad sangrienta.

Sintió como comenzaba a caer sin detenerse, sintió como su rostro daba vueltas por el suelo; pero no pudo sentir cuando el sol jugaba con sus ojos antes de perderlos.










Esa era la única manera de así sentir por primera vez, cómo la muerte nacía en su cuerpo.

jueves, enero 14, 2010

No sé por qué mierda está de moda enamorarse de las putas


- -


-Comprendo. No debo volver a verte.


No quería irme, no quería terminar de esta forma; pero el cuarto se había convertido de manera insólita en una pequeñísima habitación, donde apenas podían respirar dos almas. Las paredes parecían encogerse de hombros cuando intentaba dar la vuelta y las luces se hacían cada vez más y más distantes a mis ojos hundidos. No quería irme, pero algo tenía que pasar: o era yo que se iba o ella la que miraba a un lado y terminaba de ignorar mi presencia por completo. Comencé a ver lo incierto que se ponía el desenlace, pero al final sabía que tenía que ceder. No me di cuenta cuando dejé la puerta abierta al salir; no noté, que sobre el rincón, donde llevaba desierto su nombre, se fundieron mil palabras incandescentes que nunca terminaban de quemar mi pecho enfermo de tanto respirarle. Pero ese patetismo inútil de último momento siempre me llevaba la delantera. Podía verme estático ante la puerta.


Dios no me permitía volver; me veía a mi mismo como a un criminal, como a una serenata de marineros ebrios y semidesnudos en una iglesia, como una flor de lis deshojada y muerta: toda una blasfemia viva de sangre. Nunca terminaría de caminar ese callejón en el que se encerró mi alma de criminal. Nunca más podría ver la luz en medio de las tinieblas.


- no sé, por qué mierda está de moda enamorarse de las putas. No sé… nunca me lo imaginé. Quizás los amantes nunca recibieron más amor que entre esas piernas que no se cansan mientras haya algún fantasma errante que desee y tenga suficiente dinero para poder retozar entre esos diamantes malignos. Malditos de mierda los escritores, Cortazar, Borges… que mierda era ese Nobel… ese, sí… el de las putas… No entiendo como mierda… Si su tristeza no sirve de nada, si son sólo diamantes o piernas purulentas, amarillas sabanas y húmedos amaneceres sabor a tragedia de esperma. No creo que nunca se hayan cogido a una puta y hayan deseado enamorarse de ellas; como ese pobre pelotudo de la película de mierda esa de ”El lado oscuro del corazón”, saben volar las moscas, las putas lo hacen por que no tienen de otra. Pero no… ese pobre imbécil de mierda que cree que la felicidad se encuentra sólo en medio del sufrimiento, agonía, y poesía viva hecha entrepierna. Si las putas son putas y los hombres son hombres, ¿No sería mejor dejarlo en el acuerdo comercial de siempre? No sé que mierda tienen para dar esperanza a esas mujeres que saben donde mierda se han metido y saben donde mierda van a terminar. Pero terminaran sin duda mejor que esos poetillas de mierda que se abalanzan a las pasiones sin compasión en afán de aprender, pobres diablos que no saben donde mierda meten las narices y mucho peor las vergas. –entonces arrojé la botella que tenía en la mano derecha, ya vacía tantas bocas que amamantar- Buscar una mujer que sea un martir para satisfacer sus necesidades de mierda que tienen esos Hombre poeta guerro inguenuo soldado perro mujeriego estrella marica enfermo cabezón puto.


No sabía como partir, la verdad nunca supe como partir. Afuera sólo me espera una interminable noche de velas destrozadas y corazones apagados. Y sólo así sucumbí a al fatalismo de un mundo en pena.


martes, junio 30, 2009

A escribir





Shining Moon, Mystic Island by =JJCheddar77 on deviantART


Protocolo

Cuando las letras son difíciles de escribir, es muy simple y fácil escribir cada una de las palabras que se desintegran en la mente durante horas y horas, corregir cada uno de los errores, describir cada uno de los movimientos de los dedos que se levantan, resbalan y se equivocan -al empeñarse severos- en sendas barbaridades, inertes de sentido cayendo al mar de lo que no tiene significado.



A penas se acarician las superficies húmedas y saladas, se diluye entre las notas musicales de los ojos, parpado con parpado y pestaña con pestaña, una nueva mañana de otoño que comienza a respirar.

Las nubes son lentas para respirar, como lo he sido yo por muchos años. Cada vez me parece más y más lejano el momento para el que he sido concebido, me gusta creer que tengo un destino es para mantenerme tibio en esta desnudez que he creado para cada uno de mis recuerdos, pero ahora me coloco en medio de las mismas lejanías, donde un palpitante dolor se repite.

Me duele el costado.

Pero había que comenzar, tenía que sentir nuevamente lo que tanto tiempo se había macerado en este cuerpo rojizo de violencia, manchado de “ser” y “estar”, cambiante y forzosamente pensativo, nervioso y desesperadamente fingido. Respuestas que llegarían después de que la oscuridad en la que nos sume el tiempo, aclare con la vejez.

En el horizonte brillaba un diamante eterno.


Crippled black phoenix - 200 Tons of Bad Luck

Amanece.


martes, junio 16, 2009

Angelus I


- Yo no pude verlo, estaba muy oscuro y no pude verlo. Pero lo escuché acercarse desde lo profundo. Sé muy bien que no podré salvarle, sé que mi vida no basta para salvarle, sólo puedo vengarle.

No había luz alguna en el camino, todo el trayecto ocultaba viejo en las huellas de los caballos y viejo en la bruma del polvo; todo un mar de tinieblas, terribles nubarrones negros amenazaban con llover; a mi espalda, la noche rozaba los caminos y poco a poco se desvanecían en mi alma; y yo, buscaba alcanzar la eternidad desdichada que los errantes llamamos horizonte.
Me mareaba recordar las arañas de mi mente, el viento y los recuerdos y las nubes, ¡Dios mío! Esas nubes radiantes de delirio, todas afiladas en esa meseta verde de gente, de rostros bellos.

- ¿A qué le temes?
- A nada si dios está de mi lado.
- Dime la verdad. ¿A qué le temes?


Sin escuchar a nadie partí, pensado en poder huir del demonio y del amor tierno, sin mirar los rostros ni escuchar las voces que me llaman, sin oler el aroma a azahar y heno del campo en flor, sólo tinieblas en la tarde desolada para mis ojos. Estaba escrito, todos estos días estaban escritos y yo, siempre creía que estaba listo para lograr entender y controlar la verdad; yo, siempre yo.

- ¿A qué le temes?

En la lejanía de la ausencia cuento los segundos que pasan y repito sin cesar las oraciones que se precipitan sobre mis remembranzas, evocando los días solitarios de paz, como un niño que duerme un sueño tranquilo sobre el corazón de su madre, como si la mano de la virgen María me diera aliento, como un hombre listo para el ultimo sueño; pero me atormenta el tiempo y sé, que mientras más deambule buscando una cura a mi herida, mi alma vagará por sobre las hojas, por sobre el rocío y las tierras de la eternidad.
Yo era joven e inquieto, siempre guiado por la luz del alba y la piedad divina reinando en mi alma, siempre en calma y con la sabiduría gobernando mi juicio. Era joven y valiente, joven y bello; pero para alcanzar la gracia de las virtudes hay que olvidarse de otras y terminamos dejando de lado la humanidad, porque para ser un santo hay que dejar de ser un hombre.

- Te veo temblar.
- No hace tanto frió. –y tomando sus manos las calenté como se calienta las manos de los niños y sentí su piel fría y húmeda calentarse poco a poco; ella palideció por un momento y luego vi cómo el color regresaba a la flor bella que guardaba su rostro, mientras la santa se ruborizaba- vamos a orar.

Renunciar, olvidar, dejar de lado;

- Angelus Domini nuntiavit Mariae
- Et concepit de Spiritu Sancto
Ave Maria…

Un aroma a tierra mojada fluía joven sobre los recuerdos. Polvo, sombra y destierro. -Mientras se reza, hay que mantener los pies en movimiento*- y sacando un rosario de huesos, comenzó la novena deslizando la primera cuenca entre sus dedos. La tempestad se aproximaba y pronto sintió sobre la piel, que las aves alzaban vuelo, las canciones lejanas de la aldea callaban, los colores del alba se tornaba en gris y el cielo en delicado y desesperado hilo de plata que rozó su mejilla y golpeó el suelo despedazando su integridad en piezas imposibles de volver a unir, pronto fueron incontables e imposibles todos de volver a ser los mismos algún día.

- El agua moja mi rostro buscando los caminos que se marcan en mi piel, la sangre fluye bajo la piel, ¿Sabes? las venas se llevan la sangre al rostro cuando uno está cabeza abajo. –y solté sus manos con un movimiento brusco, pero amable; ya estaban tibias- eh… eso me lo dijo un sacerdote. Es muy sabio, curó a varios hombres con sus manos, sus oraciones y la gracia de dios.
- Bueno, ya terminamos, tenemos que ir a comer. Se hace tarde y Flor nos espera.
- No, no te vayas,-dije con algo trancado en la garganta, era como si todo el mundo pudiese meterse en ella y quizás, si así tendría que ser, aguantaría dos, lo haría para poder pasar un momento más a su lado- todavía no. Apenas ha comenzado a llover.

Esto no es lluvia, esto es una tormenta. Una tormenta de engaños y delicadezas validas para un mundo de tierra y flores, pero no para el páramo en el que pasaré el exilio. El miedo es parte del castigo, el miedo es el idilio, el miedo es caminar con la garganta seca en un desierto, el miedo es encontrar agua o no tener la suficiente vida para beberla.

- “Abrigado del viento y la lluvia en una cueva, como un animal”- pensé, como un animal que huye, como eso, -había perdido mi voluntad y rendido ante el instinto, un animal listo para el matadero. Nada más. Quería dormir, cuanto sueño perdido llevaba en los ojos, tanto tiempo vacío por la duda y el reflejo

Memoria cero. El sueño llegó sin preguntar.

- Sólo se posó sobre mi nariz. El cielo era gris y estaba cansado
- ¿Cuanto has caminado…?

La oscuridad de la noche había completado su sueño:
El padre cantaba ensimismado la canción que el hijo tocaba la guitarra desafinada, vestido de árbol viejo, con la solemne figura de la muerte en sus mejillas; ya sin cuerdas, la madre lloraba sobre el piano roto, el hermano menor pintaba un elefante de papel sobre sus rodillas desnudas, rodeadas de suciedad y tragedia, la niña que miraba la ventana, imaginaba su muerte empañada de vidrio; se escuchaba en la lejanía una melodía, el canto de las almas perdidas que se elevaba esperando perderse entre las gotas de lluvia de otoño.
El padre cataba meditabundo y hundido en sus lágrimas, meditabundo y perdido en sus palabras.
Escuché la canción de un hombre congelado.

- Basta, ya no quiero caminar, no quiero.
- Ya vamos a llegar ¿Ves esas luces? Es allá. No falta mucho. No te detengas.



No termina, no termina...

Es häng davon dir.


- Tengo miedo por mi alma y por mi mismo.

martes, mayo 26, 2009

A contra fe



Remolinos negros y luces amarillas intermitentes templadas a punta de lanza, tractores, caminos, luces y árboles recibir tiempo.
La luna, es un hilo de espejo triturado en mis recuerdos, duele el vidrio hecho polvo y brilla tanto…



Como si ser luz fuese todo… y sobre mi pecho se disuelve la luz en la carne y sangre que se diluyen hasta lo más profundo y horroroso: la angustia vestida hombre.
Revuelo de aves mezcladas en medias locuras blancas y verdes.


- Me muerdo las manos no las siento, mas siento las cosas -como la pena el color rojo y negro rodeando mi cabeza- y creo, quiero creer, no me animo a creer, no creo, absolutamente no creo sentir la lluvia. Pero si siento el deseo de perder la cordura a fin de revolver el cielo o infierno con mis encuestas de popularidad.
- Pobre diablo
- A eso hasta se le diría ser cool.
- ¿Qué? ¿Embarazar a tus amigas?

Con todo el ocaso en la garganta, y la cara de etc.


Seguramente el color no importa mucho mientras duermes, blanco y negro o tecnicolor.


Me revuelvo en mi bolsillo.

- Atormentado por que siempre pienso en lo bello y en las cosas que no lo son. Creo que varias veces, rara vez, muy pocas, casi nunca, nunca he visto el atardecer con esa manillita que colgaba de mi mano izquierda que no acepta regalos.



Magnetismo encarnado en humanidad fragilizada, cristalizada, conservada en gel o en medio de una mermelada agridulce, magnetismo oscuro a los atardeceres robustos de piel.



Polux se enfermó de soñar media hora y revisó su correo electrónico.
Nada nuevo, conversaciones nuevas, la sabiduría del pueblo:

- Es genial que algo te quiera sin importar nada. Es casi perfecto si no mordiera por diversión…
- Oh y las pilas…
- Sí las pilas, como olvidar ese rinconcito que nunca conocemos ni vemos peor ahí esta siempre para agarrarlo por los sueños.
- recibes lo que das ¿no? si te bajan dos golpes de un diente da lo mismo como si fuese de uno a dos.



you got the music in you